Cual ave legendaria que renace con mayor ímpetu de su propia muerte, un nombre hecho periódico vuelve con afanes de libertad. Ya no parece abstracto el sentimiento de poder llamar a lo negro, negro; a lo blanco, blanco; o a lo gris, gris.
La objetividad; el pensamiento independiente y crítico; el análisis; son bienes muy escasos por estos días pero de un valor incalculable que quieren concretarse en este medio.
Bienvenido sea El Espectador como un conjunto de espejos donde se refleje, desde diversas posiciones, la compleja realidad sin distorsiones; donde el pasado recuerde los caminos recorridos y donde el futuro no nos coja desprevenidos.
Bienvenido sea El Espectador como punto de encuentro para esta sociedad tan contradictoria a veces; tan humana, que es capaz de situarse en las cimas y en las simas.
Bienvenido El Espectador como puente entre las gentes y las instituciones.
Bienvenido sea El Espectador para humanizar la comunicación deshumanizada por cosas de la modernidad mal entendida.
Bienvenida sea la independencia de los medios.
domingo, 11 de mayo de 2008
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